El 3 de mayo de 1999 falleció el escultor, dibujante y grabador Julio Cesar Vergottini. Su colosal obra tiene prestigio internacional. Recordemos el monumento a Alfonsina Storni y Celedonio Flores, en el cementerio de Chacarita; el Monumento a la bandera, en Barracas; el Monumento al Indio; el Monumento al Gaucho, El Monumento a la Madre… ¡Imposible recordar todos sus trabajos, que honran la plástica nacional!
Más allá del gran artista, quiero recordar al gran hombre. Nutrido en corrientes filosóficas plenas de sabiduría, que lo llevaron a cristalizar un destino de profunda elevación espiritual. En su original vivienda en la sala de máquinas del viejo puente Pueyrredón –hoy convertida en “Museo-Casa Julio César Vergottini”- vivió rodeado de sus maquetas, dibujos, recuerdos y homenajes con intensidad su pasión por el arte, su fervor por la amistad, su infinito amor por las cosas buenas y bellas de la existencia. Fue el hombre sencillo, campechano, de los barcitos de la Boca; el entrañable amigo de Quinquela Martín; y de todos los soñadores que no hablaban del dólar ni de las cotizaciones en la Bolsa, sino de arte y de ideales. Junto a su fiel perrito callejero “pegote” siempre justo en el hacer y en el decir, pleno de ingenio y generosidad, fue un gran artista y un gran amigo.
Cora Cané
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Creo que es la primera vez que “escucho” el nombre de Vergottini… pero bue, parece que fue un groso que dejó cosas lindas para ir a sacar fotos!!

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