jueves, 29 de septiembre de 2011

Lo importante (29.9.11)


Aquí estamos, amigo lector, cercados, aprisionados, fascinados -llámelo como quiera- por la fabulosa tecnología informática moderna. Éramos dueños de nosotros mismos. Teníamos amigos reales (seguimos teniéndolos); nos bastaba el teléfono o las cartas para comunicarnos con los demás. Poco a poco, casi sigilosamente, todo fue cambiando. Perdimos autonomía. Creamos duendes que nos obsesionan, nos dirigen, nos agobian. Tienen nombre: celular, Twitter, Facebook, mail... Las voces mecánicas, que contestan nuestras llamadas telefónicas. Salir sin el celular, por olvido, transtorna nuestra rutina.
"Andá a jugar" -le dice la madre a su hijito, y el chico va a la computadora. En otros tiempos iba  a juntarse con sus amiguitos.
Vivimos pegados a muros virtuales. Nos ufanamos de tener cien, diez mil, cien mil "amigos" a los que nunca vimos de cuerpo presente.
Hemos olvidado nuestra vida espiritual; la meditación, la bienhechora serenidad de pensar, crear, soñar. No podemos negar el fundamental progreso de la tecnología, en todos sus espacios y dimensiones. Modernicémonos, sí. Pero privilegiemos nuestra vida interior, sirviéndonos con inteligencia y mesura de lo que nos ofrece el programa tecnológico, no convirtiéndonos en sus esclavos.
Cora Cané

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